Low-carb meal of grilled rump steak with a home-grown salad mix and cherry tomatoes

Cuando me enfrenté a mi diagnóstico de endometriosis y para mi era inmanejable, recurrí a la alimentación como un último recurso. Probablemente es una exageración decir que haber cambiado mi alimentación me ha salvado la vida. Pero algunos de ustedes saben, los que han leído mi historia, que hace algunos años, luchaba también con la compulsión por comer y hacía dietas muy restrictivas a cada rato para bajar de peso. Contar calorías me daba «ese control» en los tiempos difíciles, cuando sentía un completo descontrol y después me daba una ansiedad terrible y terminaba comiéndome todo lo que se me ponía en frente. Contar calorías pareciera ser sano y ayudarte, lo sé por experiencia, pero también es capaz de crear confusión, culpa y negatividad.

Al abrir una revista, encender la tele, o incluso caminar por las islas de comida en las tiendas, nos vemos bombardeados con mensajes que promuevan la relación basada en el miedo con la comida desde muy temprana edad. Pero esa no es la peor influencia… Creo que la mayor amenaza es el lenguaje que utilizamos para hablar de comida. ¿Cuántos de ustedes crecieron escuchando en su casa  o en la escuela o con amigos, tanto hombres como mujeres, que hablar de calorías era algo al cual hay que tenerle mucho miedo?

Escribo este artículo para mis sobrinos y todos aquellos preocupados por cuántas calorías consumen y cuántas queman, por hacer dietas restrictivas y vivir sobre una báscula. Espero que aprenden, en mi ejemplo, que la comida es algo que sea bendecido con alegría como placer, el sustento y la medicina.

1. Enfócate en la calidad, no en la cantidad del alimento.
Por ejemplo, pongo poca atención a cuántos gramos de grasa utilizo al preparar mi comida. Por el contrario, me centro en la oportunidad de incorporar grasas saludables y deliciosas en mis comidas.
El bienestar integral va más con la calidad de las calorías en lugar de la cantidad de calorías consumidas o quemadas, en contra de la creencia popular de que todas las calorías son iguales. Por ejemplo, hay investigaciones que muestran que el consumo de aceite de coco promueve la quema de grasa, sin embargo, es más rico en calorías que un pedazo de pan tostado, que puede contribuir a un aumento de azúcar en la sangre, que a su vez provoca la acumulación de grasa. Antes, en mi relación con la comida, una caloría es una caloría. Ahora, considero nutrientes en lugar de calorías.
Te recomiendo hacer hincapié en la calidad de los ingredientes en lugar en la etiqueta de nutrición en productos alimenticios. Por ejemplo, el aceite de canola elimínalo de la lista (no es un alimento), aceite de oliva o aceite de coco es una mejor opción. Incluso mejor, evita alimentos con listas de ingredientes interminables y prepara comidas desde cero en casa.
2. No compres productos etiquetados como diet y light.

Tengo tres problemas principales con los alimentos etiquetados como diet, light, bajo en grasa, bajo en colesterol, o bajo en grasa, etc.:

  1. Estas etiquetas se suelen poner en los productos alimenticios, en lugar de alimentos enteros. Elige siempre alimentos reales sobre productos alimenticios. Como dice Michael Pollan, «Considera que los alimentos más saludables en el supermercado, los de producción fresca, son los que no hacen afirmaciones de salud aprobados por la FDA o la Cofepris, que adornan típicamente los paquetes de los alimentos mas procesados».
  2. Los alimentos envasados pueden ser peores opciones que su contraparte de etiquetado como light o diet. Por ejemplo, el refresco de dieta contiene edulcorantes artificiales que promueve el cáncer y que es peor que el azúcar convencional.
  3. Investigaciones muestran que cuando comemos alimentos etiquetados como light, diet y bajo en grasa, quedamos menos satisfechos y la hormona grelina se activa haciéndonos querer más comida, porque no comimos lo «suficiente», sin embargo, cuando etiquetamos a los alimentos como integrales, completos y con nutrientes el cuerpo responde con menores niveles de hormonas del hambre, haciéndonos tener más saciedad. Esto fue descubierto en un estudio muy interesante llamado «Mind over milkshake». (Fuente: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21574706)
3. Evita el lenguaje que promueve la culpa alrededor de los alimentos

Crecí escuchando comparar la decisión de comer el postre con su valor y su identidad. Ejemplo:

«No necesito todas esas calorías de ese pastel. Necesito perder unos cuantos kilos».

Pero el mensaje implícito es,

«Creo que mi peso se mide visiblemente sobre mi autocontrol, mi belleza y mi valor como mujer».

La sociedad está impregnada a este lenguaje, especialmente las mujeres, y sé que yo he sido presa a este lenguaje). Pero ahora traigo conocimiento del lenguaje y la mentalidad de qué usar hacia los alimentos.

Sarah Koppelkam, escribió un artículo sobre «Cómo a hablar con tu hija sobre su cuerpo» y dice:

«No te atrevas a hablar de cuánto odias tu cuerpo delante de tu hija, o hablar acerca de tu nueva dieta. De hecho, no lleves ninguna dieta delante de tu hija. Compra alimentos saludables. Cocina comidas saludables. Pero no digas, «No estoy comiendo carbohidratos ahora.» Tu hija no debe pensar nunca que los carbohidratos son malos, porque la vergüenza sobre lo que come sólo conduce a la vergüenza sobre ti.»
4. No relaciono los alimentos con el ejercicio

¿Te has encontrado a ti mismo diciendo algo de las siguientes líneas?

Este puré de papas engorda así que, voy a tener que hacer 1 hora más de ejercicio en el gimnasio. O no puedo comer este pedazo de pan porque no fui al gimnasio hoy.

Yo solía tener esa mentalidad. Ahora, disfruto el ejercicio por hacer ejercicio. Bailar para sentir la emoción de la música y la expresión de mi cuerpo, caminar o correr al aire libre para disfrutar del paisaje y del aire fresco. Nadar para sentir el agua en mi cuerpo y callar mi mente.

No pienso sobre cuánto músculo estoy construyendo o cuántas calorías estoy quemando.

5. Hacer de la hora de la comida un ritual

¿El factor más importante para hacer las paces con mi comida? Llevar mis comidas a otro nivel, haciéndolas «más sagradas» y compartir con los demás.

Ahora me tomo tiempo para preparar mis comidas y luego comer cuidadosa y conscientemente. No me cuesta trabajo cuando comparto la comida con mis seres queridos que aman al igual que yo, el placer de comer y conversar. Conversar con los demás ralentiza el ritmo de comer, promoviendo más saciedad a nivel físico y emocional.

Preparar la comida puede ser una tarea difícil y algo obligatorio, o puede ser todo un ritual. Tu eliges.

¿Has hecho algo para hacer la paz con la comida? ¿Todo esto te suena?

Platícame en los comentarios abajo de este artículo o si lo deseas puedes participar en mi protocolo «No es fuerza de voluntad, son mis hormonas»…
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Con salud y cariño,

Vero Villalobos

2 Comments

  • Rox

    Gracias por los tips Vero!! Y pues sí me suena todo eso, creo que sí es super importante dedicarse a hacer uno la comida desde cero aunque cueste trabajo, últimamente lo he hecho y hasta me sabe más rica, porque por más chafa que esté pues mi trabajo me costó :p

    • villalobos.76

      Hola Rox, gracias por tus comentarios, creo que lo que mas cuesta es regresar a las raíces, donde no había nada procesado y la gente psaba mucho tiempo cocinando y comiendo, compartiendo.

      Un abrazo,

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